Hay una espiritualidad que parece que nos dice que tenemos que ignorar lo que sentimos, que ese deseo es malo, que ahora soy tan espiritual que no puede haber más deseos, incoherencias, angustias. Que el pensamiento tiene que ser positivo.

Parece que he dejado ya de ser humano y se termina mi experiencia.

Apartarme de lo que soy ahora, apenas me lleva a un espacio de más dolor y a esconderme de lo que la vida tan hermosamente quiere enseñarme.

La maravilla de ser espiritual es que no necesito serlo, ni siquiera creerlo, porque no hay nada a ser y creer aquí.

Este movimiento es acompañado por una tremenda aceptación de lo que ahora surge en forma de dolor, de deseo, de miedo, de habito, de rabia y de violencia.

La mayoría de la violencia surge cuando esa etiqueta espiritual nos impide de vivirlo y de encontrarnos en su totalidad con la verdad absoluta.

En ese reconocimiento está el alivio.

En ese espacio encontramos la paz, paz que tanto buscamos en la perfecta pareja espiritual, en la lectura de un libro de un maestro espiritual, en la ida a un retiro, en un viaje a la India, en encender un cigarro, en beber más una cerveza, en una cueva en el medio de la nada.

Siempre hay aquí el perfecto momento para reconocer la certeza que no hay nada a hacer.

Apenas a permitir en este perfecto Ser espiritual, que hay alguien que tiene una adicción, algun deseo, alguna tendencia que las «normas» de la sociedad rechaza y yo quiero esconderla lo más posible, no vaya no ser aceptado.

Además no quiero perder mi «titulo» de tan hermoso ser espiritual, tan divino, tan bello y que la gente confía ciegamente.

Renuncio a este nuevo puesto, y entro en el paro de la verdad conmigo mismo y verdaderamente entro en cada sensación, en cada deseo, en cada miedo, encontrando ahí la verdad con mi esencia, que es puro Amor y esa Paz que la tengo tan identificada como una bandera, una institución, una etiqueta, un concepto más.

Me acuesto con este dolor que no soy completo y eso es lo que me hace humano para poder descobrir quien realmente soy por detrás de la más grande mentira, que es esa ilusión que soy espiritual.

 

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