Aunque la primera idea que surge es rechazar esta afirmación, pasamos nuestra existencia a intentar cambiar quien somos.

Lo más curioso es que pensamos que es parte de un proceso de evolución. A esto le he llamado “la búsqueda”.

Y por toda mi vida he estado envuelto en esa tremenda actividad, una actividad a tiempo completo, sin pagas extras, y eso si, para nuestro contentamiento esa búsqueda está libre de impuestos.

En la más profunda voluntad de cambiarme a mejor no me daba cuenta del truco de la mente, muy sutil, muy mañosa, para esconderme de mis miedos, de la sensación de abandono y de rechazo.

Si, ese rechazo a lo que ahora surge en mi y yo quiero hacer evolucionar, crecer, cambiar.

Estoy de acuerdo es una tremenda paradoja; ¿como es que ahora estoy diciendo que no debemos cambiar o evolucionar?

La tendencia de llamarle de evolución a este movimiento, es tratar de substituir lo que no me gusta de mi, por alguna versión más bonita, más simpática, más compasiva, más popular, más amorosa, más aceptada.

Pero curiosamente para hacerlo rechazo lo que hay. Lo “mato” con mi mirada espiritual, lo lleno de una luz obtenida con tantos cursos de crecimiento personal.

Tapo todos los caminos y me cierro de nuevo a ver lo que la vida de una forma tan simple y en Amor me quiere mostrar.

Simplemente son mis miedos a ser quien ahora soy, a lo que siento a lo que ahora surge en este espacio.

Hay un movimiento que abraza todo esto, que lo rodea, que lo comprende y que le permite. Es pura Luz.

En esa idea de no querer ser quien somos, aparece aquí en Amor en forma de pura consciencia que nos invita a ser lo que somos en este aquí y ahora.

En este aprender a amar, permitimos que el Amor se exprese en nosotros y haga el milagro que buscamos cada día, llegar a casa. En esa misma casa que ya habitamos desde que nos conocemos.