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La semana pasada asistí a una reunión y uno de los presentes contó una historia muy interesante que me llamó la atención, hablaba de su proceso de jubilación y de su actual estado. Lo que más me sorprendió era su estado de felicidad, la paz que transmitía, su forma de estar y hablar, que no necesariamente era debido a su jubilación, aunque con el desarrollo de la historia me di cuenta de que ahora estaba haciendo exactamente lo que más le apasionaba.

Encarcelar nuestro talento

Vivimos una vida llena de miedos, miedos a no tener, a no llegar, a no ser esto, a no ser aquello, a no agradar, y cuando realmente nos damos cuenta, hemos vivido una vida siendo esclavos de nuestros miedos, haciendo lo que nunca hubiéramos hecho si no tuviéramos estas limitaciones. ¿Por qué entonces pasamos nuestras vidas escondiendo y encarcelando nuestro potencial?, por que seguimos patrones heredados y los mensajes de la sociedad.

El síndrome de la felicidad

Y es cuando encontramos la solución, cuando vamos en la búsqueda de la felicidad … y claro, entre búsqueda y búsqueda, la encontramos muy rápido, por que la industria lo sabe y nos entrega en pequeñas dosis píldoras y miles de productos que prometen ser la solución para que encuentres la felicidad, desde el refresco de turno, hasta los milagros en 21 días.  Pero lo más grave no es eso, lo más grave es que al final terminamos por vivir en un estado de ansiedad permanente para encontrar ese estado y aparentar otros para mostrar al mundo… si, si… yo si soy “Feliz”.

El Certificado de Defunción

Pero regresando a la historia inicial, lo curioso de este jubilado no era solamente que estaba haciendo lo que quería, era que estaba invitando a otros amigos, también jubilados, acostumbrados a 40 años de quehaceres y mucho estrés, a salir de su letargo y muchas veces aburrida vida de horarios preestablecidos,  y  a su vez, hacerles partícipes de una red donde cada uno aporta sus talentos y experiencias. Es curioso que cuando termina lo que pensábamos que era “nuestra vida” nos otorgamos literalmente un certificado de defunción. Cuando dejamos de hacer lo único que pensábamos que sabíamos hacer, cuando perdemos a un ser querido, cuando esa persona tiene que partir… es como si perdiéramos todo el sentido de la vida.

Los pasos hacia la liberación

Es exactamente en ese estado donde podemos encontrar una nueva oportunidad para conocernos. Normalmente vivimos la vida en la constante búsqueda de algo, ya sea Dios, una experiencia mística o de cualquier otra índole, es que ya hemos decidido lo que queremos encontrar y esa búsqueda no es lo que nos va a liberar.

La liberación se inicia con la comprensión de nuestros estados mentales y del funcionamiento de la mente. Y es a partir de aquí donde te voy a proponer seguir unos pasos:

Paso 1: Simplemente observa al pensador, esa entidad que piensa, exige, busca constantemente, cuestiona, juzga, la que crea los problemas.

Paso 2: Encuentra en tu investigación los condicionamientos que te llevan a pensar y a actuar de esa forma. Si no liberas la mente de los condicionamientos, va a ser difícil que logres encontrar un estado de Paz y de Felicidad. Los condicionamientos nos llevan a actuar de una forma muy específica, estamos llenos de dogmas, tradiciones, influencias religiosas, etc, etc…

Os advierto que no es nada fácil darnos cuenta de nuestros condicionamientos y limitaciones, pero hay que empezar por algún lado.

Paso 3: Al abrir las puertas a la investigación de estos condicionamientos y tomar consciencia de ellos sin juzgar el contenido de lo que encuentras, entonces se abre una nueva puerta a la verdadera creatividad y a una mente que ya no desea, que ha dejado de buscar, que no necesita encontrar un ideal, y se va dando cuenta de que son sólo proyecciones de la mente condicionada.

Atrévete a vivir una jubilación feliz…